<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-5417753</id><updated>2011-04-21T10:40:53.223-07:00</updated><title type='text'>El canto de la madre</title><subtitle type='html'>&lt;i&gt;Los refugios de piedra&lt;/i&gt;, &lt;b&gt;Jean M. Auel&lt;/b&gt;</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://madretierra.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5417753/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://madretierra.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Rosal�</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05384949108541241138</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>1</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5417753.post-105370449451471080</id><published>2003-05-23T08:41:00.000-07:00</published><updated>2003-05-23T08:41:35.276-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Extracto de &lt;i&gt;Los refugios de piedra&lt;/i&gt;, &lt;b&gt;Jean M. Auel&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.satiria.com/libros/imagenes/anus_2002/mayo/020506/refugios_det.jpg" width="70" height="100"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el caos del tiempo, en la oscuridad tenebrosa,&lt;br /&gt;El torbellino dio a luz a la Madre gloriosa.&lt;br /&gt;Despertó ya consciente del gran valor de la vida, &lt;br /&gt;El oscuro vacío era para la Gran Madre una herida. &lt;br /&gt;La Madre sola se sentía. A nadie tenía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al otro creó del polvo que al nacer traía consigo, &lt;br /&gt;Un hermano, compañero, pálido y resplandeciente amigo. &lt;br /&gt;Juntos crecieron, aprendieron qué era amor y consideración, &lt;br /&gt;Y cuando Ella estuvo a punto, decidieron confirmar su unión. &lt;br /&gt;Él la rondó expectante. Su pálido y luminoso amante. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un principio su otra mitad la colmó de ventura; &lt;br /&gt;Mas con el tiempo que sintió inquieta, su alma insegura. &lt;br /&gt;Amaba a su blanco amigo, su complemento adorado, &lt;br /&gt;Pero algo le faltaba, parte de su amor veía desaprovechado. &lt;br /&gt;La Madre era. De algo estaba en espera. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desafió al caos, a las tinieblas, al gran vacío, &lt;br /&gt;Para hallar la chispa dadora de vida en un confín sombrío. &lt;br /&gt;La oscuridad era absoluta; el torbellino, aterrador. &lt;br /&gt;El caos se helaba, y acudió a Ella en busca de calor. &lt;br /&gt;La Madre era valerosa. Su misión, azarosa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Extrajo del frío caos la fuente germinal, &lt;br /&gt;Y tras concebir, huyó con la fuerza vital. &lt;br /&gt;Creció junto con la vida que dentro llevaba, &lt;br /&gt;Y se entregó con amor y orgullo, sin traba. &lt;br /&gt;Algo al mundo traía. Su vida compartía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El oscuro vacío y la Tierra yerma y vasta&lt;br /&gt;Aguardaron el nacimiento con ánimo entusiasta. &lt;br /&gt;La vida desgarró su piel, bebió la sangre de sus venas, &lt;br /&gt;Respiró por sus huesos, y redujo sus rocas a blancas arenas. &lt;br /&gt;La Madre alumbraba; otro alentaba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al romper aguas, éstas llenaron mares y ríos, &lt;br /&gt;Anegándolo todo, creando así árboles y plantíos. &lt;br /&gt;De cada preciosa gota, hojas y tallos brotaron, &lt;br /&gt;Verdes y exuberantes plantas la Tierra renovaron. &lt;br /&gt;Sus aguas fluían. Nueva vegetación crecía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En violento parto, vomitando fuego a borbotones, &lt;br /&gt;Dio a luz una nueva vida entre dolorosas contracciones. &lt;br /&gt;Su sangre seca se tornó en limo ocre, y llegó el radiante hijo. &lt;br /&gt;El supremo esfuerzo valió la pena, ya todo era gran regocijo. &lt;br /&gt;El niño resplandecía. La Madre no cabía en sí de alegría. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se alzaron montañas, de cuyas crestas brotaban llamas, &lt;br /&gt;Y Ella a su hijo alimentaba con sus colosales mamas. &lt;br /&gt;Chispas saltaban al chupar el niño, tal era su anhelo, &lt;br /&gt;Y la tibia leche de la Madre trazó un camino en el cielo. &lt;br /&gt;Una vida se iniciaba. A su hijo amamantaba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El niño reía y jugaba, y así se desarrollaban su cuerpo y su mente. &lt;br /&gt;Para gozo de la madre, las tinieblas disipaba su luz refulgente. &lt;br /&gt;Su mente y su fuerza crecían, recibiendo de Ella cariño, &lt;br /&gt;Pero pronto aquel niño maduró, pronto dejó de ser niño. &lt;br /&gt;Atrás quedaba la edad de la inocencia. Quería independencia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la fuente Ella recurrió cuando a una vida dio nacimiento. &lt;br /&gt;Ahora el vacío y gélido caos atraía al hijo con embaucamiento. &lt;br /&gt;La Madre daba amor, pero el joven tenía otras ambiciones, &lt;br /&gt;Buscaba conocimientos, aventuras, viajes, emociones. &lt;br /&gt;Para Ella el vacío era abominable. A él le parecía deseable. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se marchó de su lado cuando la Gran Madre dormía, &lt;br /&gt;Mientras fuera se arremolinaba la oscuridad vacía. &lt;br /&gt;Por todos los medios, las tinieblas procuraron al hijo tentar,&lt;br /&gt;Y él, fascinado por el gran torbellino, se dejó cautivar. &lt;br /&gt;A su hijo arrebataba. Al joven que tanto brillaba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hijo de la Madre, en un primero momento alborozado, &lt;br /&gt;Pronto se afligió en aquel vacío glacial y desolado. &lt;br /&gt;Su incauto vástago, corroído por su conciencia quejosa, &lt;br /&gt;No pudo escapar a aquella fuerza misteriosa. &lt;br /&gt;Estaba en un grave aprieto. El caos lo tenía bien sujeto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero en el preciso instante en que lo engullía la oscuridad, &lt;br /&gt;La Madre despertó, tendió la mano y lo sostuvo con tenacidad. &lt;br /&gt;Buscando quien la ayudara a recobrar a su hijo radiante, &lt;br /&gt;La Madre acudió al pálido y luminoso amigo, antes su amante. &lt;br /&gt;La Madre lo agarró fuerte. Perderlo habría sido la muerte. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella agradeció su regreso al que fuera su compañero, &lt;br /&gt;Y el triste suceso le contó en tono pesaroso y lastimero. &lt;br /&gt;El querido amigo accedió a intervenir en el lance, &lt;br /&gt;Dispuesto a rescatar a su hijo de tan difícil trance. &lt;br /&gt;La habló de su honda aflicción, y del turbulento ladrón. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al borde del agotamiento, Ella necesitaba una pausa, &lt;br /&gt;Al luminoso amante dejó luchar por su justa causa. &lt;br /&gt;Mientras la Madre dormía, él combatía a la fuerza glacial, &lt;br /&gt;Y momentáneamente la obligó a volver a su estado inicial. &lt;br /&gt;Tenía alma de paladín. Pero incierto era aún el fin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dándolo todo, su magnífico amigo luchó con bravura, &lt;br /&gt;El combate era enconado, la contienda penosa y dura. &lt;br /&gt;Al cerrar su gran ojo, abandonó por un instante la cautela, &lt;br /&gt;Y la oscuridad robó la luz de su cielo con una triquiñuela. &lt;br /&gt;Su pálido amigo desfallecía. Su luz se extinguía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la oscuridad absoluta, la Madre despertó con un grito.&lt;br /&gt;El tenebroso vacío se había propagado por el espacio infinito. &lt;br /&gt;Ella se sumó a la pugna, organizó con rapidez la defensa, &lt;br /&gt;Y a su amigo liberó de aquella sombra tétrica y densa. &lt;br /&gt;Pero su hijo perdió la vista. La noche borró toda pista. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En las garras del torbellino, el hijo radiante y exaltado&lt;br /&gt;Dejó de dar calor a la Tierra, el frío caos había triunfado. &lt;br /&gt;La vida fértil y verde dio paso a la nieve y el hielo, &lt;br /&gt;Y un cortante viento siguió azotándola cual flagelo. &lt;br /&gt;La Tierra era un desierto. Las plantas habían muerto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Madre estaba angustiada, exánime, exhausta, &lt;br /&gt;Pero tendió de nuevo su mano en ocasión tan infausta. &lt;br /&gt;No podía rendirse, de eso tenía clara conciencia; &lt;br /&gt;De Ella dependía la luz de su hijo, su supervivencia. &lt;br /&gt;No cesó de luchar. La luz quería recuperar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y su luminoso amigo no iba ya a ceder más terreno &lt;br /&gt;Ante el ladrón que mantenía retenido al hijo de su seno. &lt;br /&gt;Juntos pugnaron por el rescate del hijo que Ella adoraba. &lt;br /&gt;Sus esfuerzos no fueron en vano, su luz de nuevo alumbraba. &lt;br /&gt;Recobraba la energía. Su resplandor volvía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero las inhóspitas tinieblas ansiaban su vivo y radiante calor. &lt;br /&gt;La madre firme se mantuvo en su defensa y resistió con vigor. &lt;br /&gt;El torbellino tiró con violencia, negándose a soltar a su presa, &lt;br /&gt;Y Ella luchó de tú a tú contra la oscuridad arremolinada y aviesa. &lt;br /&gt;De las tinieblas se protegió. Pero su hijo otra vez se alejó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando la Madre combatía el torbellino y el caos hacía huir, &lt;br /&gt;La luz de su hijo con intensidad veía nuevamente refulgir. &lt;br /&gt;Cuando Ella flaqueaba, el inhóspito vacío volvía a la carga, &lt;br /&gt;Y la oscuridad retornaba al final de una jornada ardua y larga. &lt;br /&gt;De su hijo sentía el calor. Mas aún no había encendedor. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el corazón de la Madre anidaba una inmensa pena, &lt;br /&gt;Su hijo y Ella por siempre separados, ésa era la condena. &lt;br /&gt;Suspiraba por el niño que en otro tiempo fuera su centro, &lt;br /&gt;Y una vez más recurrió a la fuerza vital que llevaba dentro. &lt;br /&gt;No podía darse por vencida. Su hijo era su vida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegó la hora, manaron de Ella las aguas del parto, &lt;br /&gt;Devolviendo la verde vida a un mundo seco como el esparto. &lt;br /&gt;Y las lágrimas por su pérdida, profusamente derramadas, &lt;br /&gt;Tornáronse arco iris y gotas de rocío, maravillas inusitadas. &lt;br /&gt;La Tierra recobró su verde encanto, pero no sin llanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Partió en dos las rocas con un atronador rugido, &lt;br /&gt;Y en sus profundidades, en el lugar más escondido, &lt;br /&gt;Nuevamente se abrió la honda y gran cicatriz, &lt;br /&gt;Y los Hijos de la Tierra surgieron de su matriz. &lt;br /&gt;La Madre sufría; pero más hijos nacían. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos los hijos eran distintos, unos terrestres y otros voladores, &lt;br /&gt;Unos grandes y otros pequeños, unos reptantes y otros nadadores. &lt;br /&gt;Pero cada forma era perfecta, cada espíritu acabado, &lt;br /&gt;Cada uno era un modelo digno de ser copiado. &lt;br /&gt;La Madre era afanosa; la Tierra cada vez más populosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos: aves, peces y animales, eran su descendencia, &lt;br /&gt;Y esta vez la Madre nunca habría de padecer su ausencia. &lt;br /&gt;Cada especie viviría cerca de su lugar originario, &lt;br /&gt;Y compartiría con los demás aquel vasto escenario. &lt;br /&gt;Con la Madre permanecerían, de Ella no se alejarían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque todos eran sus hijos, y la colmaban de satisfacción, &lt;br /&gt;consumían la fuerza vital que hacía latir su corazón.&lt;br /&gt;Pero aún le quedaba suficiente para una génesis postrera, &lt;br /&gt;Un hijo que supiera y recordara quién la Suma Hacedora era. &lt;br /&gt;Un hijo que la respetaría, y a protegerla aprendería. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Primera Mujer nació ya totalmente desarrollada y viva, &lt;br /&gt;Y recibió los Dones que necesitaba, ésa era su prerrogativa. &lt;br /&gt;La Vida era el Primer Don, y como la Madre naciente, &lt;br /&gt;Al despertar, del gran valor de la vida era ya consciente. &lt;br /&gt;La Primera en salir de la horma, las demás tendrían su forma. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vino luego el Don de la Percepción, del aprendizaje, &lt;br /&gt;El deseo de saber, el Don del Discernimiento, un amplio bagaje. &lt;br /&gt;La Primera Mujer llevaba el conocimiento en su interior, &lt;br /&gt;que la ayudaría a vivir y transmitiría a su sucesor. &lt;br /&gt;Sabría la Primera Mujer, cómo aprender, cómo crecer. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la fuerza vital casi extinta, la Madre se consumía, &lt;br /&gt;Transmitir el Espíritu de la Vida, sólo eso pretendía. &lt;br /&gt;A sus hijos confirió la facultad de crear una nueva vida, &lt;br /&gt;Y también la Mujer con esa posibilidad fue bendecida. &lt;br /&gt;Pero la Mujer sola se sentía; a nadie tenía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Madre recordó la experiencia de su propia soledad, &lt;br /&gt;El amor de su amigo y su caricia llena de inseguridad. &lt;br /&gt;Con la última chispa que le quedaba, el parto empezó, &lt;br /&gt;Para compartir la vida con la Mujer, al Primer Hombre creó. &lt;br /&gt;De nuevo alumbraba; otro más alentaba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la Mujer y al Hombre había deseado engendrar, &lt;br /&gt;Y el mundo entero les obsequió a modo de hogar, &lt;br /&gt;Tanto el mar como la tierra, toda su Creación. &lt;br /&gt;Explotar los recursos con prudencia era su obligación. &lt;br /&gt;De su hogar debían hacer uso, sin caer en el abuso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los Hijos de la Tierra la Madre concedió&lt;br /&gt;Los Dones precisos para sobrevivir, y luego decidió&lt;br /&gt;Otorgarles la alegría de compartir y el Don del Placer, &lt;br /&gt;Por el cual se honra a la Madre con el goce de yacer. &lt;br /&gt;Los Dones aprendidos estarán, cuando a la Madre honrarán. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Madre quedó satisfecha de la pareja que había creado.&lt;br /&gt;Les enseñó a amarse y respetarse en el hogar formado, &lt;br /&gt;Y a desear y buscar siempre su mutua compañía, &lt;br /&gt;Sin olvidar que el Don del Placer de la Madre provenía. &lt;br /&gt;Antes de su último estertor, sus hijos conocían ya el amor. &lt;br /&gt;Tras a los hijos su bendición dar, la Madre pudo reposar. &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5417753-105370449451471080?l=madretierra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5417753/posts/default/105370449451471080'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5417753/posts/default/105370449451471080'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://madretierra.blogspot.com/2003_05_01_archive.html#105370449451471080' title=''/><author><name>Rosal�</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05384949108541241138</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry></feed>
